Paco de Lucía, un cierre impresionante

ABC
11 Agosto, 2010
La guitarra del "duende del flamenco" regresa a las bodas de oro del Cante de las Minas

La actuación de Paco de Lucía fue sencillamente: impresionante. Con un categórico concierto y un lleno hasta la bandera, el guitarrista Paco de Lucía puso el broche de lujo a las galas flamencas. Con la guitarra de Paco de Lucía, siempre habrá un antes y un después, en los últimos años, gracias a él se revitalizó este instrumento. Su forma de tocar la taranta y otros toques ya tiene una escuela.

Con una actuación memorable, salió solo a ese escenario que tanto impone, tanteó las cuerdas de la guitarra, dijo: buenas noches y arrancó con «Camarón», por rondeñas y comenzó la fiesta, el éxtasis, y los prolongados aplausos cada vez que finalizaba un tema. Paco de Lucía regresaba a La Unión después de cinco años, y la expectación de esta actuación, se vio recompensada por bulerías, alegrías y soleá por bulerias.

Dominio majestuoso

Paco, maestro de maestro, derrocha genialidad y arte, tiene la virtud de hacerte ver que lo muy difícil puede ser muy fácil, no hay nada más que contemplar como vuelan sus manos por el mástil a una velocidad vertiginosa y con un sentido del ritmo impecable, con unas falsetas imposibles que rozan lo indescriptible. El guitarrista Paco de Lucía con tan solo la mirada dirige a su grupo como si fuera una sinfónica. Un sinfonía de sonidos, en los que sobresalen el vertiginoso y poderoso baile de Farruco —que por bulerías estuvo espléndido— fue muy aplaudido con las voces de los cantaores, en los que sobresale por su metal la de Duquende, que siempre nos recuerda a Camarón, con ese estilo tan peculiar de rematar los tercios y esa voz casi rozá que parece que se va a romper.

De Lucía rasga cuerdas de su guitarra, a veces con potencia, y la mar de ocasiones con mesura, acariciándola como si fuera un amor sagrado, y, en ocasiones hasta se puede tener la sensación de estar viendo algo único e irrepetible: pues tocar mejor la guitarra es imposible. El guitarrista, genio pero humilde con la técnica y el trabajo, tuvo una actuación enduendada. Decía el poeta Federico García Lorca, que «el cante jondo canta como un ruiseñor sin ojos, canta ciego, y por eso tanto su textos como sus melodías, tienen su mejor escenario en la noche. Es un canto sin paisaje y por tanto concentrado en sí mismo y terrible en medio de la sombra». Y así cantaron las cuerdas de la guitarra en la noche. Después de tocar más de nueve temas, el delirio y el contento se hicieron patentes al esbozar las notas de: «Entre dos aguas», que es la banda sonora de toda una generación. Así concluía y se ponía punto final a las galas del Festival, que da paso a las semifinales de los concursos de cante. Una noche para la memoria.

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